Llegar, marchar, alejarse, nacer...

Creemos haber llegado a un punto donde la tecnología y la evolución se han dado la mano, donde nuestra condición de ser humano se ha marchado por el mismo camino donde perdimos nuestra razón de ser. Parece como si fuera un terrible futuro imaginado por las mentes austeras de hace cien años, se hace ver que el futuro será tal y como nos imaginamos. Pero mirar al futuro ahora puede ser también tachado como un acto cobarde de evadirse de lo real, vivir ahora es como sobrevivir en un mar de ignorancia intentado salir a flote amarrándonos a un tablón de certeza, pero nada es cierto y nada es lo que parece. Vivimos nuestras vidas vagando sin rumbo por estelas de dudas, caminamos flotando entre los pasos de los demás, esquivando a la persona que viene enfrente, rodeando al indigente y acelerando la marcha cuando nos persigue alguien. ¿No es que tengamos miedo de los demás? ¿Será que somos tan hipócritas como para rehusar de nosotros mismos? Si es cobarde mirar al futuro, es triste mirar al pasado e ir conociendo cómo ha ocurrido todo, cómo ha cambiado la sociedad y cómo serán nuestras futuras generaciones. Hemos llegado a un punto de inflexión donde todo queda grabado, guardado y archivado, donde somos simplemente unos y ceros en cualquier base de datos, se aleja nuestra humanidad y renacemos como bits en un mundo informático donde somos llanamente nombres en una pantalla, fechas y números... Si es verdad que así nos comunicamos más y mejor, conocemos todo lo demás, sin embargo de esta forma estamos alienizándonos sin darnos cuenta, dejándonos llevar por los binarios... No olvidemos quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí... Yo personalmente, aún me sigo maravillando de todo lo que ha conseguido el hombre, no pasa un día sin que piense en las grandes obras del ser humano y a la misma vez, sienta el temor de lo que podrá conseguir...
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